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Domingo, 01 de Febrero de 2026
Octubre 5, 2025 > El Chiltepin

Entre el discurso y la calle.

Por El Chiltepin

En el corazón del país, con el Zócalo vestido de fiesta y la retórica del poder al aire, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pronunció un mensaje lleno de certezas y promesas: que su gobierno tiene rumbo claro, principios firmes y compromiso con el pueblo. Habló de una etapa de justicia social y prosperidad compartida, del famoso segundo piso de la Cuarta Transformación.

 

Pero más allá del eco de los aplausos y los pendones ondeando, la realidad nacional camina por otras calles, menos iluminadas y más dolientes. En esas calles la justicia no llega, la seguridad se negocia con miedo y la prosperidad se mide con el precio del gas o la canasta básica.

 

Hablar de justicia social mientras más de cien mil familias buscan a sus desaparecidos, es como hablar de paz en medio del tiroteo. Decir que el rumbo es claro cuando los poderes viven en desequilibrio y las instituciones pierden credibilidad, es una contradicción que el pueblo nota, aunque los discursos intenten disimularla.

 

El país se nos ha vuelto un espejo roto: por un lado, un relato triunfalista desde el podio; por el otro, la experiencia cotidiana de quienes enfrentan violencia, impunidad y precariedad. Sí, hay avances en programas sociales, pero la justicia no se reparte con becas ni la paz se decreta desde un templete.

 

La Cuarta Transformación prometió un cambio de raíz, no de discurso. Y si bien Sheinbaum hereda una narrativa sólida dentro del movimiento, el reto es monumental: convertir el lema en realidad, el aplauso en resultados, y el símbolo en certeza.

 

Porque, a final de cuentas, el pueblo mexicano, ese que madruga, trabaja y sobrevive ya no se conforma con escuchar que todo va bien. Quiere verlo, sentirlo, vivirlo. Y mientras eso no ocurra, ningún discurso, por emotivo que sea, podrá tapar el ruido de dolor, angustia y desesperacón que hay en la calle y con baches.

 

Lo que muestran estas cifras frente al discurso

 

Decir que México vive una etapa de justicia social suena hueco si al mismo tiempo no se frena la desaparición masiva de personas, la impunidad o la corrupción desde instancias superiores.

Prometer prosperidad compartida tiene poco justificación cuando el saqueo institucional (Segalmex), el huachicol fiscal, y las pérdidas inmensas al erario se vuelven moneda corriente.

Un “rumbo claro” no puede construirse solo con campañas o retórica; debe medirse en mejoras reales: seguridad que se siente, instituciones que inspiran confianza, poderes que actúan independientes, corrupción que se castiga, no solo que se señala.

Claudia Sheinbaum puede tener principios firmes y compromisos que muchos ciudadanos lo reconocen, y sin duda hay avances en diversos programas sociales.

Pero la sombra de la corrupción parece extenderse como mancha de aceite bajo las alfombras del poder, y los problemas de inseguridad, desaparición y desconfianza institucional no se han resuelto: solo algunas estadísticas muestran mejoras puntuales, otras siguen empeorando.

El segundo piso de la Cuarta Transformación que la presidenta menciona no es solo una metáfora: debe traducirse en algo más sólido que discursos, en acciones visibles, sanciones reales, transparencia y justicia para quienes más lo necesitan.

 

Porque al final del día, los ladrillos de la transformación se erosionan si no se sostiene en base firme hecha por todos y no por unos cuantos.

 

Así las cosas amigos. Entre el discurso y la realidad sigue habiendo un abismo, y ese abismo se cruza no con palabras, sino con hechos.

 

Sonora: Aportó un gran contingente al zócalo, les dieron raite en camiones y en aviones comerciales y privados. Un buen paseo de fin de semana.

 

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