El campo sonorense: de la revolución verde a la sequía política
En Sonora, la tierra que alguna vez alimentó a México, hoy el campo se muere… pero no de sed, sino de abandono.
De ser el orgullo nacional, cuna de la Revolución Verde con el doctor Norman Borlaug, a convertirse en un terreno donde los surcos se llenan de promesas rotas y deudas que crecen más rápido que el trigo.
Los gobiernos de Morena —primero con Andrés Manuel López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum— han desaparecido más de 30 programas de apoyo al sector agropecuario.
Otros simplemente los renombraron, pero los recursos y subsidios desaparecieron.
Los productores lo saben bien: los apoyos que antes llegaban con los “mal llamados neoliberales”, hoy no existen.
El resultado es devastador: miles de jornaleros sin empleo, una cadena productiva rota y un campo que agoniza entre la indiferencia y la demagogia.
El discurso del “apoyo al pueblo” no llegó al surco.
Ni fertilizante, ni diésel, ni crédito, ni seguro agropecuario, etc
Sólo padrones inflados, recursos que nunca llegan o son “mejoralitos” y funcionarios que solo se acuerdan del campo cuando hay elecciones.
El campo sonorense, que durante décadas fue el motor del norte —desde el Valle del Yaqui y el Valle del Mayo, hasta Caborca, Hermosillo, San Luis Río Colorado y Huatabampo—, hoy está arrinconado entre la burocracia, la sequía y un gobierno que ve al productor pareciera como enemigo del pueblo.
Las organizaciones rurales desaparecieron, las uniones ganaderas callaron y los precios de garantía no garantizan nada.
En la ganadería, el panorama no es distinto: la frontera sigue cerrada para exportar bovinos en pie, los aranceles castigan al productor y los mercados internacionales se pierden por falta de gestión.
Los ganaderos están solos, navegando en un mar de promesas incumplidas.
El gobierno estatal hace lo que puede, pero con lo que manda la federación apenas alcanza para sostener el discurso.
La política agropecuaria nacional se volvió un desierto donde sólo florece la propaganda.
Y lo peor está por venir: si el campo muere, no hay ciudad que sobreviva.
Porque de ahí sale el alimento, el empleo, riqueza, e impuestos y la historia misma de Sonora.
El maíz, el trigo, el espárrago, la uva y la carne que le daban orgullo al “granero de México” hoy se marchitan junto con la esperanza de quienes los producen.
Triste historia nos queda por relatar…
Pero, como dice el viejo refrán del desierto: aún hay más.
Porque el campo sonorense, aunque golpeado, no se rinde.
Y tarde o temprano —cuando se levante el productor y vuelva a hablar fuerte— el país tendrá que escucharlo.
También pueden tener acceso a mas información en la web www.elchiltepin.mx o en las benditas redes sociales del El Chiltepín.








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